Si enseñas a no excluir, no necesitaremos hablar de inclusión
07 Ago 2014

Entendiendo las conductas agresivas en los Trastornos del Espectro del Autismo

Hemos escrito bastante sobre este particular, pero quizá no hemos ahondado en los posibles detonantes de este tipo de conductas, y por tanto, si conocemos los orígenes será más fácil intervenir. Y como todo en los Trastornos del Espectro del Autismo es complejo y extenso, y tampoco hay soluciones únicas. Obviamente, solo abordaremos generalidades, ya que si no, deberíamos hacer un artículo por persona, aspecto -evidentemente- inviable.

 Las conductas de tipo agresivo deben ser siempre tomadas como una prioridad máxima, da igual si se dan en niños pequeños o en adultos. A mayor tiempo persistan este tipo de conductas, más se afianzarán y más tiempo y esfuerzo costará extinguirlas. Tanto en conductas de agresión al entorno, a otras personas o a sí mismos, debemos actuar lo antes posible.

Dentro de los orígenes de las conductas agresivas en los Trastornos del Espectro del Autismo hay tres grandes bloques (Aunque no únicos), los cuales a su vez se pueden subdvidir en otros, y de la misma forma, pueden estar combinados entre sí, o ser independientes. Y por supuesto, existirán casos donde habrá que crear un bloque específico para una persona en particular. Siendo por tanto las causas más habituales de origen o detonantes de este tipo de conductas los siguientes: Trastorno del procesamiento sensorial (TPS), problemas de comunicación y problemas de conducta. En muchos casos unos pueden alimentar a otros, con lo cual nos encontraremos que cada caso puede ser único y requerir de una intervención y análisis específico. No hay recetas válidas para todos. A su vez, la edad de aparición de estas conductas también nos llevará a trabajar de forma diferente, e incluso, los tiempos de trabajo serán más o menos largos. No será lo mismo un niño de 4 años que uno de 12, o un chaval de 16 o un adulto de 33.

En lo relativo a lo sensorial, podemos encontrar que aspectos como sonidos determinados, luces, colores,…, pueden producir una situación de rechazo total, realmente se percibe como algo agresivo para la persona, y por tanto puede provocar respuestas conductuales totalmente inadecuadas.

A la hora de la comunicación, si no existe una comunicación adecuada, el proceso de aprendizaje puede verse seriamente comprometido, y por tanto las conductas que se den sean inadecuadas sin entender bien el motivo del porqué dejar de comportarse de una determinada forma. Otro aspecto está relacionada en cómo comprenden las cosas, ya que aquí las frustraciones también pueden jugar en nuestra contra.

Los problemas puramente conductuales, pueden estar muy arraigados, en muchos casos, y sobre todo a partir de los 8 o 9 años de edad, son aspectos de conducta que se han afianzado. Esto por ejemplo podemos observarlo en chicos o chicas con Síndrome de Asperger, donde la comunicación verbal puede ser estupenda, pero las conductas no. Dentro de los problemas relacionados puramente con conducta, podremos encontrar con personas que nunca han tenido unos límites o que han recibido un modelo inadecuado de atención, o que presenten comorbilidades como obsesiones, ansiedad u otros desordenes de tipo psiquiátrico.

Y por supuesto, todo esto podemos combinarlo, ya sabemos que en los TEA es muy común que unos problemas alimenten a otros en una especie de circulo vicioso del que a veces es muy complejo salir. A su vez podemos subdividir en distintos bloques por edades y perfiles:

Niños, adolescentes y adultos:

Con comunicación

Sin comunicación

Con TPS

Sin TPS

Con conductas problemáticas

Sin conductas problemáticas

Con otras comorbilidades

Y a su vez, podemos establecer diferentes niveles en la calidad de la comunicación. Otro de los aspectos a tener en cuenta son la existencia o no de otras comorbilidades, ya sea epilepsia, ansiedad, conductas obsesivas, discapacidad intelectual,…, que por supuesto deben ser siempre tenidas en cuenta.

También hay un aspecto importante a destacar, por una parte la transición a la adolescencia y por otra a la vida adulta. Dos aspectos que no suelen estar debidamente abordados. La adolescencia siempre es compleja, y los adolescentes con TEA no van a ser una excepción. Es una época de explosión hormonal, de autodeterminación,.., y si a eso le sumamos autismo o asperger la cosa puede complicarse más. Es muy habitual que el chico o chica que nunca había tenido conductas agresivas las desarrolle a partir de la adolescencia, y aquí entran todos las variaciones que antes hemos comentado, es decir, pueden ser chicos con una excelente comunicación o sin ninguna. Y el otro es el paso a la vida adulta, donde la vida puede cambiar de forma importante, y también da igual si hablamos de chicos con altas capacidades o con bajas.

Es difícil saber cual son las causas más habituales, ya que todo está en función de cual es tu experiencia personal o la de las familia o profesionales con los que hables. Obviamente los más conocidos son los referidos a adultos, pero eso no significa que cuando hablas con profesionales que trabajan con niños te den datos que demuestren lo contrario. Tampoco hay excesivos estudios que nos hablen de estos aspectos, y los que hay, o se refieren exclusivamente a adultos, o son estudios muy pequeños o no son suficientemente sólidos. De los casos que han pasado por Autismo Diario la disparidad es absoluta, hay un poco de todo. Esto es algo ya habitual en los TEA, la diferencia es uno de los aspectos que se acaba convirtiendo -paradójicamente- en norma.

¿Qué respuesta solemos obtener ante conductas agresivas?

Generalmente de tipo farmacológico. Y esto nos lleva a otro problema, existe una fuerte evidencia científica que nos dice que el fármaco no es la mejor respuesta ante este tipo de conductas, que los riesgos son mayores que los beneficios. Sobre todo en niños, donde cada vez más hay un rechazo a usar este tipo de fármacos. Sin embargo, en un determinado momento pueden ser de utilidad usados como un coadyuvante temporal a la intervención. Acercarse a un muchacho de 1,80 mtrs y 100 kilos de peso para decirle buenos días y que te suelte un mamporrazo no es gusto de nadie.

Pero aquí la edad también juega, será más fácil encontrar a especialistas que quieran trabajar con un niño de 5 años que con un adolescente de 16. Otro aspecto importante a tener en cuenta y sobre todo referido a adolescentes, jóvenes y adultos es lo relativo a las contenciones. Ante conductas agresivas, si fuese necesario llevar a cabo una contención, la persona que las realice debe estar perfectamente formada en las técnicas para realizar stas contenciones sin causar dolor a la persona.

También es habitual que algunos profesionales se atrevan a llevar a cabo intervenciones sin ser realmente especialistas en estos aspectos, o sin tener suficiente cualificación. Hay que ser muy cuidadoso en este aspecto y no jugársela, si no se sabe suficiente, contar con la colaboración de otros profesionales mejor cualificados es siempre una estupenda idea.

Quizá la oferta más adecuada desde el campo de la psicología sea la intervención de modificación de conducta. Hay que tomar en consideración que quien vaya a iniciar un programa de modificación de conducta para afrontar conductas agresivas, debe poder demostrar suficiente experiencia y tener conocimientos suficientes no solo de aspectos conductuales, también de otros aspectos que van a ser en muchos casos concomitantes y que deberán ser abordados de forma conjunta.

¿Qué respuesta deberíamos obtener?

Obviamente este tipo de conductas no aparecen de la noche a la mañana, existe un proceso progresivo de aparición de las mismas, generalmente la familia intenta buscar las mejores soluciones, pero a veces estas no acaban llegando nunca. Y obviamente el resultado es generalmente malo. Es por ello importantísimo que se empiece lo antes posible.

Lo ideal es que una vez que este tipo de conductas empiezan a aparecer podamos contar con el apoyo de profesionales que ante todo deberán averiguar cual es el origen u orígenes de estas conductas, como hemos visto podemos encontrar aspectos solitarios o combinados. En algunos casos, trabajar los aspectos sensoriales y regular los problemas del niño serán suficientes, en otros casos el trabajar los aspectos de comunicación será suficiente, y en otros casos trabajar los temas conductuales será suficiente. Aunque lo normal es que exista un abordaje múltiple. Por ejemplo, si trabajamos desde un programa de modificación de conducta, inevitablemente existirá un programa de mejora de la comunicación. De forma que integramos dos, y si a su vez, existe un problema sensorial, se integrará dentro del mismo programa. Es decir, que nada mejor que un abordaje integral, pero sobre todo porque indistintamente del origen del problema, existirá una base conductual, que habrá que abordar en mayor o menor medida.

Recientemente publicamos el artículo “Modificación de conducta de madres y padres de niños con autismo”, donde abordábamos problemas puramente conductuales, explicando que a veces es el niño quien modifica la conducta de los padres y no al revés. Y un aspecto básico en todo el abordaje es la formación que mamás y papás deben recibir. A mejor nos formen, más rápidos serán los cambios o más y mejor se afianzarán. Es absurdo llevar a un chico o chica con este tipo de problemas a un gabinete profesional, esperar que ellos solos lo resuelvan todo y que en casa no hagamos nada o peor aun, sigamos cometiendo los mismos errores. Es básico y fundamental que la familia forme parte de la programación y de la intervención a todos los niveles.

¿Cual es el perfil profesional para afrontar esta intervención?

En el caso de recetar fármacos, lo normal es que sea un psiquiatra o en caso de niños pequeños un neuropediatra, aunque en función de los casos otros profesionales de la medicina también podrán recetar este tipo de fármacos. Nadie que no tenga la acreditación médica puede recetar fármacos.

En la vía de la intervención no farmacológica no existe un perfil específico, pero en la mayoría de los casos estaremos frente a profesionales que acreditarán sus conocimientos y experiencia en la metodología ABA (Análisis de Conducta Aplicado). No obstante es importante que tengan también conocimientos sobre los aspectos de comunicación (Generalmente suele ser PECS) y conocimientos sobre aspectos sensoriales, o, y dado lo específico de los aspectos sensoriales, el apoyo de un Terapeuta Ocupacional con una formación en trastornos del procesamiento sensorial.

¿Existe un modelo estándar de intervención?

No, cada caso requerirá de un abordaje específico. Por ejemplo, habitualmente en niño pequeños suele ser más fácil (aunque podemos encontrarnos casos bien complicados y difíciles donde se den determinadas comorbilidades que hagan bien compleja la situación). Suelen tener un enfoque más destinado a los problemas sensoriales y de comunicación, sobre todo en casos de niños con autismo y cuyas habilidades verbales sean bajas o ninguna. Y un apoyo y formación a la familia para evitar errores en la gestión de conductas.

En chicos algo mayores, podemos encontrarnos con chicos y chicas que tengan una buena calidad de comunicación pero presenten una conducta desafiante muy extrema, y que sólo exista un problema puro y duro de conducta, que quizá se motivó por otros aspectos, pero que se han acabado manifestando puramente en temas de conductas agresivas.

También hay casos de adultos con autismo y un pobre nivel de habilidades y diversas comorbilidades concomitantes que presenten este tipo de conductas agresivas. La intervención en estos casos suele ser algo más compleja y de más larga duración.

Otro de los problemas que se pueden ver en jóvenes y adultos son conductas agresivas motivadas por obsesiones y estados de ansiedad. Indistintamente de la calidad comunicativa. Por ejemplo, desarrollar una conducta de agresión ante una persona determinada, y que no haya funcionado absolutamente nada. De hecho, la propia persona no sabe explicar el por qué de su propia conducta explosiva. Es importante en este tipo de casos la presencia de un equipo multidisciplinar que aborde este tipo de situaciones desde todos los puntos de vista de forma simultánea.

¿Además de los aquí descritos, qué otros detonantes pueden existir?

La lista podría ser bien larga, pero a veces son cosas absolutamente imprevisibles. Dentro de las más habituales podemos encontrar las siguientes:

En Síndrome de Asperger y Autismo de Alto Funcionamiento el acoso escolar es una de los posibles detonantes de las conductas agresivas. Y en gran cantidad de casos, la víctima acaba siendo el culpable.

En casos de personas pre-verbales o con muy baja calidad en la comunicación, un dolor determinado o un malestar físico puede provocar estados que desemboquen en conductas agresivas. El no saber qué les sucede impide por tanto poder dar solución. A veces hasta que no se advierten signos externos o síntomas muy claros nadie se da cuenta. Por ejemplo, un dolor de muelas, un estreñimiento importante, una enfermedad,…

Otras comorbilidades de tipo psiquiátrico que conduzcan a este tipo de conductas.

Un entorno familiar violento.

Abusos físicos o sexuales.

El efecto de fármacos antipsicóticos.

¿Se resuelven los problemas de conducta agresivas?

En la gran mayoría de casos sí. Pero siempre habrán situaciones excepcionales que harán que el éxito sea mucho más complejo. Hay muchos factores que se conjugan de forma simultánea en este tipo de conductas y que no son únicamente responsabilidad de la persona que desarrolla estos problemas de agresividad. Pero salvo casos puntuales, lo normal es que con trabajo (mucho trabajo), constancia, disciplina y tesón, este tipo de conductas agresivas desaparezcan, o se conviertan en hechos meramente anecdóticos y de baja intensidad.

Fuente:Autismo diario.

Modificado por última vez en Miércoles, 13 Agosto 2014 14:57
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