Si enseñas a no excluir, no necesitaremos hablar de inclusión
27 May 2015

El Trastorno Específico del Lenguaje (TEL) es una afección en el desarrollo del lenguaje y los niños que lo padecen tienen problemas para comprender y/o expresarse

 

La primera palabra que pronunció Antonio fue mamá. Hasta aquí, todo normal. Lo que ya no entra dentro de esos límites fue cuando la dijo; casi con tres años y medio, edad durante la cual los niños ya dicen más de 1.000 vocablos. Conclusión: más de un año de retraso en el habla.

Algo no iba bien. Y eso lo sabía muy bien su madre, Ana. «A los 18 meses, los niños tienen que tener algún tipo de lenguaje y a los 24 deben construir frases, aunque sean incompletas», relata. Pero con 36 meses, Antonio tan solo balbuceaba y señalaba las cosas cuando quería pedir algo. Sus padres, preocupados por la situación, decidieron acudir al pediatra. La solución: ya hablará.

«El pediatra siempre nos decía que no nos preocupáramos, que hay niños que se retrasan al hablar. Pero creer eso es un error». Tras varios meses de diagnóstico, consiguieron dar con el nombre: Trastorno Específico del Lenguaje (TEL). Una afectación en el desarrollo del lenguaje. Los niños que lo padecen tienen problemas para comprender órdenes sencillas y/o expresión del lenguaje.

Se estima que afecta al 6% de los menores y en mayor parte, a los varones, en edades tempranas. Existen tres modalidades de TEL: comprensiva, expresiva y mixta. «Mi hijo es un niño que tiene dificultades con la expresión oral pero la comprensión la tiene normalizada», indica Ana Sánchez, presidenta de la Asociación del Trastorno del Lenguaje en Castilla-La Mancha (Atel-clm).

El problema de esta alteración poco conocida, y confundida con el autismo o la dislexia en la mayoría de las ocasiones, es su diagnóstico tardío. «Las familias pasan por un largo camino antes de que sus hijos sean diagnosticados e incluso cuando llegan al diagnóstico se sienten muy perdidas debido a la falta de información de la que se dispone de este trastorno», señala la presidenta de Atel-Clm.

Esta agrupación de reciente creación está formada por 20 familias en la Comunidad. «En Toledo nos sentimos abandonados. No existen profesionales que nos den una solución fiable al problema de nuestros hijos, nos tenemos que desplazar hasta Madrid para poder tratarlos adecuadamente», se lamenta esta madre. «Las terapias con logopedas pueden ayudar a mejorar sus capacidades de estos niños aunque se trata de un trastorno que no desaparece nunca», asegura.

La predisposición de la familia en estos casos es muy importante. Desde Atel-clm, señalan que si un niño está intentando pedir agua y no lo dice correctamente, no hay que recriminarle que lo ha dicho mal, sino repetirle cómo se pronuncia correctamente para que lo vaya asimilando poco a poco. «Es importante que el niño mire a los ojos de la persona que le habla para que sepa que le está haciendo caso. También se les debe hablar despacio y con frases cortas, porque quienes no tienen este problema de lenguaje hablan muy rápido y los afectados por el TEL tienen que guardar en su cabeza lo que se les dice, además de intentar buscar las palabras para lo que van a contestar», explica Sánchez.

Consecuencia: frustración

La frustración es la principal reacción de un niño al que le diagnostican TEL. «El cerebro de una persona no afectada sabe predecir cómo va a terminar la frase que no se ha terminado, pero para los afectados por este trastorno es difícil porque cuando se quiere dar cuenta la conversación ha cambiado y él está todavía en la primera conversación».

Este enfado puede verse trasladado a varios ámbitos de su vida diaria como son las actividades básicas del día a día (alimentación, aseo...), en la participación de juegos o actividades de ocio… incluso en las destrezas sensoriales, motoras o cognitivas que posibilitan tener un desempeño adecuado diario. También en el colegio ven limitadas sus capacidades. Un simple examen de matemáticas puede convertirse también para ellos en uno de lectura comprensiva, ya que, si además tienen afectada la capacidad de comprensión, esto supone una nueva barrera.

Hace poco, un estudio llevado a cabo por el Grupo de Investigación en Cognición y Lenguaje, formado por investigadores de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) y la Universidad de Barcelona (UB), ha encontrado una estrecha relación entre el fracaso escolar y el trastorno específico del lenguaje (TEL). La investigación ha revelado que el 75% de los niños con este trastorno presenta un bajo rendimiento académico y, o han repetido curso, o bien reciben una educación especial o reforzada.

Los progenitores de estos niños pueden convertirse en sus mejores profesores, pero para ello necesitan apoyo. Una ayuda que pasa por demandar logopedas diarios, puesto que en estos momentos, si una familia tiene que sacar adelante a su hijo, tiene que pagar sus propias terapias, lo que ronda los 300 euros al mes, un desembolso que muchas no pueden permitirse. También demandan más medios para la detección de un diagnóstico precoz, medidas educativas, apoyo personal y orientación e información para aprender a comunicarse con sus hijos.

Fuente: Elisabet Bustos (ABC-salud)

Modificado por última vez en Miércoles, 27 Mayo 2015 17:52
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