Si enseñas a no excluir, no necesitaremos hablar de inclusión
19 May 2014

De la cultura en relación al Síndrome de Asperger (o los beneficios de la banalización)

El Síndrome de Asperger es una entidad en términos clínicos bastante reciente, sería en materia antropológica como un nuevo descubrimiento que siempre estuvo en la sociedad pero hasta mediados del siglo pasado se desconocía porque nadie había descrito características 

  que pudieran ser observables en varios individuos como para agruparlos dentro de esa categoría diagnóstica. También puede ser más distinguible en la actualidad porque en materia laboral con un mundo dedicado al comercio globalizado, a la producción de bienes de consumo masivo donde la uniformidad de gustos y mentalidades es lo que permite que “giren” los engranes y se precisan de los individuos habilidades de empatía en función de la coordinación inconsciente y espontánea para realizar actividades similares o acordes a lo que hace el otro.

El Asperger (reduciendo el término) al ser una característica humana donde pueden existir habilidades fuera del común aunadas a incompetencias en la misma proporción da como resultado que no sea sencillo cumplir con la expectativa de estratificar a un individuo que lo tenga como alguien de aporte continuo para su comunidad. La expectativa social va por contar con personas que sea predecible su comportamiento y se ajuste a lo que se necesita como grupo. Una de las características que marcan la diferencia es el hecho que éstos innatamente se enfocan en sus intereses, en sus pensamientos y actividades dejando relegado lo que hacen los demás; eso a nivel social causa caos.

Dentro de la comunidad terapéutica existe un desconcierto para poder identificar e incluso ayudar a los pacientes porque ¿cómo alguien inteligente, consciente, capaz de poder tener sentido común en muchas cosas no puede tenerlo para lo relacionado a los otros o las cosas simples?, ¿cómo puede ser inoperante cuando se trata de pensar en los demás y ajustarse a las normas? Si eso debería ser innato.

Podríamos decir que incluso como patología es algo raro porque se ha dado un fenómeno poco común para la sociedad y es una cultura que va a la par. La cual favorece a varios de los objetivos que se buscan para la “reintegración” y bajar los niveles de indefensión adquirida que pueden darse cuando surge un diagnóstico.

Se menciona en varios círculos terapéuticos una preocupación por la banalización de una patología porque al difundirse por los medios sociales las características que conforman los rasgos básicos distintivos podrían repercutir en deformaciones para el criterio diagnóstico. Recordemos que los médicos clínicos aparte de su conocimiento absorben la cultura y están influenciados por ella. Entonces eso deriva en que llega a ser menos claro que es lo que hay que tratar, cuanto más si un médico va a buscar transformar lo que considera inoperante de su paciente hacia algo más aceptable socialmente.

El que se diga que es altamente discapacitante que una persona no “vea” a los otros va en contraposición con las afirmaciones de “y aún así puede hacer grandes aportes a la humanidad de tal magnitud que otros no podrían lograrlo”.

Entonces ¿es grave y el individuo precisa apoyo constante para que pueda desarrollar su potencial como persona? como se indica en la mayoría de los textos médicos como algo imprescindible.

O simplemente da lugar a conductas que producen incomodidad y aún sin demasiado apoyo una persona puede desarrollar sus habilidades si se dan las condiciones del entorno que favorezcan que se focalice y haga algo productivo con su vida y sus relaciones sociales.

Esto lleva a varias interrogantes:

¿Cuáles son las condiciones si aún con similitudes es evidente que todo individuo tiene necesidades distintas?

¿Cómo puede ser el abordaje si no se ha dado a nivel imitativo, ni de conocimiento y existe dificultad para poder equilibrar la comprensión entre quienes están dentro de la norma y ellos?

¿Cómo puede hacerse porque la persona no sabe o no ve interés en comunicar lo que le pasa o sus sensaciones hacia los demás? y aunque lo hiciera notaría que no tiene sentido porque los demás no pueden intervenir para ayudarle a nivelarlas porque sólo el individuo a raíz de comprender las herramientas que tiene a su alcance las va a utilizar, por tanto es un trabajo introspectivo.

En materia del Asperger como entidad surge un doble discurso ¿lo combatimos o lo aceptamos? Similar a lo que un asperger es dentro de la sociedad; alguien a quien no se le puede excluir o rechazar totalmente pero tampoco aceptar porque no “encaja”. De ahí que surjan las voces de quienes lo tienen o conviven y buscan dignificar a la persona sobre el diagnóstico solicitando aceptación e inclusión como un factor de mejorar el ambiente. Pero ¿cómo puede solicitarse esto sin una cultura que evidencie que el Síndrome de Asperger conlleva beneficios que pueden ser aprovechados por la sociedad?  Ahí entra y es útil la banalización, el hacer conjeturas de personajes famosos e incluso desarrollar personajes de ficción que brinden beneficios a la sociedad ayuda a crear una cultura de aceptación de las habilidades porque si evidentemente son productivos eso conduce a aminorar la sensación de peligro y de discapacidad que puede generar que una persona pueda ser derivada a un profesional de la salud mental (más por su ansiedad que por su condición neuronal) y en la mente inconsciente de las personas se genera la inclusión porque siempre que se pueda sacar provecho de algo se le aprecia y se le deja de temer, aunado a que familiarizarse con algunos comportamientos excéntricos les hace dejar de notarlos como señales de alarma. Así pues lo que terapéuticamente puede ser inoperante socialmente es favorecedor.

Es natural el terror (no hay otra palabra que se pueda asignar a quien reniega del cambio y de tener que adaptarse a lo que le toca) ante la perspectiva de reaprender e incluso tener que experimentar nuevas estrategias no escritas en un manual, donde ya no se considere que todo paciente que llega a un consultorio va a responder a las técnicas tradicionales, donde va a costar mucho más poder saber como llegar a ese paciente que no ve el mundo con los mismos ojos ni tiene las expectativas ni deseos que los demás tienen como factor de apuntalamiento para el tratamiento, al que no se le puede decir: entiende como es el mundo y acoplate.

Fuente:Desafiando al autismo

Modificado por última vez en Lunes, 01 Septiembre 2014 12:22
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